Page 238 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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muchacho, de unos seis u ocho años marcianos— que
lee un libro junto a una taza de té vacía. El uniforme
de la Revolución que cuelga con holgura de su cuerpo
carece de distintivos. La concentración une sus cejas,
muy finas, en un rostro de facciones delicadas,
redondeado como el de un bebé. El criado Aletargado
se detiene y toca una campanilla de plata. El hombre
levanta la cabeza muy despacio y se pone de pie con
exagerada parsimonia.
—Estimado muchacho —dice, extendiendo una
mano. Isidore estrecha unos dedos cuyos huesos
parecen de porcelana. Es más alto que Isidore, pero su
delgadez raya en lo insoportable, llevada hasta el
extremo la estilizada morfología corporal marciana—
. Me alegra que haya accedido a verme. ¿Le apetece
un refrigerio?
—No, gracias.
—Siéntese, siéntese. ¿Qué opina de mi jardín?
—Es impresionante.
—Sí que lo es, mi jardinero es un genio. Muy modesto,
pero genio al fin y al cabo. Lo que sucede a menudo
con quienes poseen un talento extraordinario, como
usted mismo.
Isidore permanece unos instantes observándolo en
silencio mientras se esfuerza por ignorar la
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