Page 234 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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pelo— me impele a pensar de nuevo en la benefactora


           de  Mieli.  Seguro  que  nos  conocemos  desde  hace


           tiempo.  Pero  quienquiera  que  sea,  pertenece  a  los


           recuerdos que me arrebató la Prisión. Me recreo en la


           imagen por un momento. No me considero narcisista,


           pero me gustan los espejos, el modo en que permiten


           que uno se defina a través de algo externo. Al cabo,


           compruebo  la  respuesta  de  mi  cuerpo.  Vuélvete  un


           poco más joven, le digo. Un poco más erguido, más altos


           los pómulos, el cabello más largo. La imagen del espejo


           comienza a fluir como el agua, y los nervios que me


           atenazan el estómago dan paso a una oleada de júbilo.



           —Qué bien te lo estás pasando, ¿verdad? —dice una


           voz. Aparto la mirada del espejo y busco alrededor de


           la estancia, pero allí no hay nadie.



           Y la voz me resulta muy familiar.




           —Estoy aquí —dice mi reflejo. Es el yo joven de la


           foto, moreno y apuesto, sonriente. Ladea ligeramente


           la cabeza, sin dejar de observarme a través del cristal.


           Estiro la mano y toco la superficie del espejo, pero la


           imagen no se mueve.



           Me sobreviene la misma sensación de irrealidad que


           experimenté con el muchacho del ágora.



           —Estás pensando en ella —dice—. Lo que significa


           que pronto la verás otra vez. —Suspira con un deje de


           melancolía—. Antes deberías saber un par de cosas.





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