Page 237 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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jardinero intentara demostrar algún teorema
euclidiano. Isidore tarda un momento en percatarse
de que el despliegue adopta la forma de un reloj de
sol dariano cuyo gnomon es la sombra de la torre más
alta.
Tras una verja de hierro, alta y enrejada, lo aguarda
en pie un Aletargado. La criatura ofrece un aspecto
poco habitual: se trata de un humanoide esculpido, no
mayor que una persona, equipado con un uniforme
de librea azul con brocados de plata, una máscara
dorada que oculta sus facciones y unos guantes que
disimulan los ángulos y los cantos de sus dedos. Le
recuerda a los hombrecillos enjoyados de la
simulación de la Corona. Aunque no le saluda, como
es natural, a Isidore le parecería descortés no decir
nada.
—Soy Isidore Beautrelet —se anuncia—. Me esperan.
En silencio, el Aletargado le franquea la entrada y lo
conduce al CHÂTEAU. Caminan entre campos de
rosas, azucenas y flores exóticas que obligan a Isidore
a teleparpadear para averiguar su nombre. Su
fragancia resulta embriagadora.
El sol del ocaso proyecta un charco dorado sobre un
calvero en el que se yergue un pequeño pabellón con
forma de pagoda. En su interior está sentado un
hombre de cabellos muy rubios —apenas más que un
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