Page 239 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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perturbación que siente en el gevulot. No se trata de


           ninguna ausencia de intimidad, como en el Distrito de


           Polvo, sino de algo más frágil que parece estar a punto


           de desgarrarse de un momento a otro.



           El joven sonríe.



           —¿Y ya le ha permitido su genialidad deducir cómo


           me llamo?




           —Usted es Christian Unruh —responde Isidore—. El


           milenario.



           Averiguarlo  no  fue  difícil,  pero  revisar  las


           exomemorias  públicas  y  compararlas  con  la


           comemoria que le proporcionara la mujer de blanco le


           había llevado la mitad de la tarde. La manía de Unruh


           —si ése es su verdadero nombre— con su intimidad


           es  obsesiva  incluso  para  los  estándares  de  la


           Oubliette: aparte de su juventud, la mayor parte de su


           trasfondo es un misterio. Los periódicos mencionan


           su  nombre  sobre  todo  en  el  contexto  de  diversos


           acontecimientos sociales y acuerdos comerciales. Es


           evidente que tiene más Tiempo que Dios.



           —Ha  amasado  una  fortuna  de  Tiempo  personal


           especulando con gevulots, algo que la Voz posibilitó


           hace tan sólo unos años. Y está claro que hay algo que


           le preocupa. ¿La piratería de gógoles?













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