Page 257 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Terminadas las compras, regresa al CHÂTEAU y
comienza a eliminar lo imposible, elaborando una
serie de hipótesis que expliquen la aparición de la
carta, cada cual más enrevesada que la anterior.
Abarcan desde el papel de autoensamblaje a una
niebla de invisibilidad lo bastante sofisticada como
para engañar a los ubicuos sensores de la
exomemoria. Pero todo acaba por conducirlo de
nuevo a la misma conclusión improbable: algo anda
mal con la exomemoria.
Uno de los criados Aletargados le trae un almuerzo
frugal, del que Isidore da cuenta a solas. Al parecer,
el milenario está demasiado ocupado con su última
semana dentro de un cuerpo Noble como para perder
el tiempo con algo que ya se ha puesto en marcha.
Por la tarde, Isidore contempla la posibilidad de
manipulación de la exomemoria. Teleparpadea hasta
que le laten las sienes con tecnicismos acerca de los
métodos de comunicación ubicua distribuida y
criptografía cuántica de claves públicas, bizantinos
problemas generales y protocolos secretos
compartidos. La exomemoria está en todas partes. Sus
diminutos sensores distribuidos —en cada muestra
de materia inteligente y obtusa— lo registran todo, ya
se trate de acontecimientos, fluctuaciones de
temperatura, el movimiento de los objetos o ideas,
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