Page 304 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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           El ladrón y los tzaddikim



           LOS  tzaddikim  no  se  ajustan  en  absoluto  a  mis


           expectativas.  Me  esperaba  algún  tipo  de  guarida


           secreta, repleta tal vez de trofeos que dieran cuenta de


           sus victorias; una sala de reuniones presidida por una


           mesa  redonda,  con  sillas  de  altos  respaldos


           personalizados con la iconografía particular de cada


           tzaddik.



           En  vez  de  eso,  nos  encontramos  en  la  cocina  del


           Silencio.



           La  Futurista  no  para  de  juguetear  con  la  copa,


           impacientándose,  haciendo  rodar  su  base  por  la


           superficie de la mesa de madera. Su aspecto es el de


           una criatura roja y estilizada, un cruce de ser humano


           y automóvil antiguo, incapaz de estarse quieta.



           —De acuerdo —dice—. ¿Tendría alguien la bondad


           de explicarme qué hacemos aquí?



           El Silencio vive en Montgolfiersville, donde tiene una


           pequeña casa aerostática: una góndola suspendida de


           una bolsa de gas con forma de lágrima, amarrada a la


           ciudad.  La  cocina,  si  bien  pequeña,  está  repleta  de


           tecnología punta. Acompañan a la fabricadora todo


           tipo  de  utensilios  de  cocina  tradicionales,  como


           cuchillos, cazos y sartenes, además de otros de cromo








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