Page 305 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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y metal desconocidos para mí: es evidente que el
Silencio valora el buen comer. Entre los seis
tzaddikim y nosotros dos, la velada promete ser
bastante íntima; estoy encajonado entre Mieli y un
tipo alto vestido de negro, con una calavera por
rostro: el Obispo. Tengo su rodilla huesuda clavada
en el muslo.
Con un diestro giro de muñeca, nuestro anfitrión
descorcha la botella de vino. Al igual que el Caballero,
la máscara azul marino que lleva puesta carece de
rasgos; el manto de niebla útil que lo envuelve le
confiere el aspecto de una mancha de tinta ambulante.
También él es bastante alto, y aunque todavía no ha
abierto la boca, irradia autoridad. Nos llena las copas
con rapidez y eficiencia antes de asentir con la cabeza
en dirección a Raymonde.
—Gracias por venir —dice ésta, con la característica
voz ronca de su personalidad tzaddik—. Me
acompañan dos visitantes extraplanetarios con los
que sufrí un pequeño… encontronazo hace dos
noches. Tengo motivos para creer que podrían
simpatizar con nuestra causa. ¿Por qué no lo explicas
tú mismo, Jean?
—Gracias —respondo. Mieli accedió a dejarme hablar
con el sobrentendido de que, si las cosas se tuercen,
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