Page 325 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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la operación con Perhonen. Es mínima, dice. Aun así,


           hay  más  medidas  de  lo  esperado.  Me  preocupan  los


           Aletargados  de  combate:  sus  sensores  son  bastante


           decentes.



           —Hazme un favor —dice Raymonde—. No intentes


           tranquilizarme. Venga, mezclémonos con los demás.



           Raymonde  nos  consiguió  las  invitaciones  con


           pasmosa  facilidad.  Al  parecer,  Christian  Unruh  es


           patrón de las artes y entusiasta de la Corona, por lo


           que  a  una  amiga  de  Raymonde  en  la  Academia  de


           Música se le ocurrió la excelente idea de sugerirle que


           comentara con él su ópera conceptual. La fiesta es un


           hervidero  de  aspirantes  a  artistas  en  busca  de


           mecenazgo, por supuesto, pero su contacto prometió


           conseguirnos  una  presentación  personal.  No  pido


           más.




           —¡Raymonde! —Una mujer bajita y entrada en años


           nos  saluda  con  la  mano.  Su  vestido  de  materia


           inteligente simula ser un reloj de arena sin cristal: en


           lugar de tela, es arena marciana roja lo que se escurre


           sobre su generosa figura. El resultado es hipnótico—.


           ¡Qué alegría verte aquí! ¿Y quién es este caballero tan


           apuesto?



           Hago una reverencia y entreabro mi gevulot, como


           dictan las normas de cortesía más elementales, pero










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