Page 328 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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emoción al asunto. Además, se me ha ocurrido una


           idea.



           No hay discusión que valga, dice Mieli.



           ¿Insinúas  que  vamos  a  salir  corriendo  con  el  rabo


           entre las piernas? ¿Qué clase de guerrera estás hecha?


           Dejaré la violencia en tus manos, ¿de acuerdo?, pero


           tienes que permitir que yo me encargue de esto. Es mi


           especialidad.  A  la primera señal de problemas, nos


           largamos.




           Mieli titubea. Vale. Pero te estaré vigilando, dice.



           Cuento con ello.



           Raymonde  agradece  a  Sofía  que  se  haya  tomado


           tantas  molestias,  y  nos  disculpamos.  Encontramos


           una pequeña carpa cerca del claro, donde un grupo


           de  acróbatas  están  actuando  con  una  pareja  de


           gráciles elefantes —cuyas trompas trazan intrincados


           dibujos  en  el  aire  con  unas  antorchas—  y  una


           bandada  de  megaloros  adiestrados,  un  tumulto  de


           colores y chillidos.



           —Sabía que era una idea nefasta —dice Raymonde—


           . Jamás conseguiremos acercarnos a Unruh. Además,


           ¿hacía falta que ése también estuviera aquí? —Fija la


           mirada en un joven que se encuentra al otro lado del


           calvero, alto y desgarbado, con el pelo alborotado y


           un  traje  negro  y  plateado  que  le  queda  fatal.








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