Page 341 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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La  fiesta  se  detiene  a  mi  alrededor.  Los  guardias


           Aletargados se convierten en estatuas. Cesa la música.


           Unruh  suelta  la  copa  pero  se  queda  de  pie,  con  la


           mirada  vidriosa.  Se  producen  unos  cuantos


           desvanecimientos  a  cámara  lenta,  pero  en  general,


           casi todos los asistentes a la celebración permanecen


           erguidos, con la mirada fija en algo muy, muy lejano,


           pero  sin  ver  nada,  mientras  los  fuegos  de  artificio


           sisean y se consumen sobre nuestras cabezas.



           Otro truco del manual de los piratas de gógoles: un


           virus optogenético que vuelve las células cerebrales


           hipersensibles  a  determinadas  longitudes  de  onda


           luminosas. No fue difícil personalizarlo para que, en


           vez de provocar una transferencia, creara un periodo


           de inactividad. Parece que la infección de mi flor se ha


           propagado  más  deprisa  de  lo  que  pensaba.  Y  los


           fabricantes de fuegos artificiales de la Ciudad Errante


           son  pocos:  sobornarlos  con  el  pretexto  de  estar


           preparando  una  sorpresa  inocente  para  monsieur


           Unruh fue lo más sencillo de todo.



           Me  envuelvo  en  gevulot  y  me  abro  paso  entre  la


           multitud aturdida, silenciosa y catatónica. Raymonde


           me espera en la puerta del jardín, embozada a su vez


           en intimidad integral.




           —¿Seguro que no te quieres quedar para un último


           baile? —le pregunto. Cierro los ojos, anticipando una







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