Page 343 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Asombrosamente, la fiesta continúa al expirar el
periodo de tiempo robado. Han transcurrido diez
minutos. La banda retoma su melodía, y las
conversaciones se reanudan. Y, por supuesto, sólo
tratan de un único tema.
A Isidore le laten las sienes. Con los guardias
Aletargados y Odette, registra los terrenos y la
exomemoria del jardín, una y otra vez. Pero no hay ni
rastro de le Flambeur. La sensación de fracaso y
desilusión es un peso plomizo en su vientre. Ya es casi
medianoche cuando regresa a la fiesta.
Unruh ha abierto su gevulot al público. Es el centro
de atención y le encanta, halagado por su valentía al
enfrentarse al ladrón. Al cabo, agita una mano.
—Amigos, ha llegado el momento de abandonaros —
dice—. Gracias por vuestra paciencia con nuestro
improvisado número de entretenimiento. —Risas—.
Pero al menos… y gracias al aplomo de nuestro
estimado monsieur Beautrelet… se marchó con las
manos vacías.
»Mi intención era hacer esto en la cama, entre estas
encantadoras damiselas de aquí —continúa, ciñendo
con los brazos los talles de dos cortesanas de la calle
de la Serpiente—, tal vez incluso mientras me
aplastaba un elefante. —Levanta la copa en dirección
al grácil paquidermo que se yergue al fondo de la
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