Page 336 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Saca la lupa y la cámara de Wu, y examina la película.
Sin esfuerzo, el artefacto zoku traduce los granos del
film en imágenes a todo color. Les echa un vistazo por
encima, tamborileando con los dedos en el disco de
cristal. Mujeres conocidas en la alta sociedad.
Artistas. Y ahí… Unruh. Una foto sacada hace apenas
unos minutos, según la marca de tiempo, en la que el
milenario sale riendo con un grupo de amigos entre
los cuales se cuenta una figura vestida de negro y
plateado que le resulta familiar, con el pelo
alborotado…
Isidore suelta la cámara y sale corriendo.
Duplicar el físico del detective sólo me lleva un
momento. Lo hago en una de las carpas de intimidad
integral que nuestro considerado anfitrión ha erigido
para las apetencias carnales y otras actividades
clandestinas de sus invitados: imprimo su imagen
tridimensional sobre mi cuerpo y reprogramo mi
atuendo para que imite el suyo. No es preciso que la
similitud sea absoluta: el gevulot se encargará de
disimular las imperfecciones más evidentes.
Distraído, examino el anillo que le he robado:
tecnología zoku, sin duda. Decido investigarlo más
tarde y me lo guardo en el bolsillo.
El verdadero problema lo plantea su firma
identificativa, pero para eso cuento con el gevulot que
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