Page 358 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—Ya lo sé, ya lo sé —digo—. Uno debería echarse algo


           por encima antes de regresar de entre los muertos.



           Mieli nos conduce por los túneles hacia la baliza de la


           araña‐q,  que  nos  indica  dónde  está  almacenado  el


           cadáver  de  Unruh.  Me  alegra  que  haya  venido:  los


           túneles y los pasadizos son una mancha borrosa. Un


           par  de  veces  nos  envuelve  en  niebla  de  sigilo  al


           cruzarnos con algún Aletargado de gran tamaño que


           se  mueve  entre  resoplidos  y  gruñidos,  apestando  a


           mar.



           Por  fin  llegamos  a  las  cámaras  de  la  cripta,  salas


           cilíndricas                de         cien           metros              de          diámetro,


           quirúrgicamente impolutas y cromadas en contraste


           con  los  sórdidos  túneles,  repletas  de  ataúdes  con


           nombres y códigos grabados. Encontramos a Unruh


           en el tercero.




           Al entrar, oigo un siseo procedente de las alturas: el


           octópodo Aletargado que hace las veces de director


           de pompas fúnebres nos ha descubierto. Se abalanza


           sobre mí deslizándose por los cables.



           Mieli  me  aparta  de  un  empujón  y  dispara  el


           lanzafantasmas contra la criatura. Ésta se detiene con


           un  sonido  chirriante,  a  escasos  metros  sobre  mi


           cabeza, colgando de los cables como una marioneta,


           meciéndose  adelante  y  atrás.  Contemplo  las










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