Page 353 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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La multitud se aparta para franquearles el paso. Con
el transcurso de los años, esta pantomima ha
adquirido tintes de ritual, e incluso los Resurrectores
lo aceptan. Se acercan a la plaza en filas de a tres, una
treintena aproximada de ellos, ataviados con túnicas
rojas, ocultos los rostros y el porte tras un gevulot
hermético, con Licoreras colgadas de sus cinturones.
Los sigue un grupo de Aletargados de Resurrección.
Son vagamente humanoides pero inmensos, de tres o
cuatro metros de alto, con bloques de reluciente
caparazón negro sin distintivos por cara y un racimo
de brazos en el torso. Puedo sentir sus pasos en el
suelo debajo de mí.
Una figura con una capucha roja aparece sobre mí y
sostiene una Licorera sobre mi Reloj pirateado. Por un
momento, siento un miedo irracional: sin duda estos
segadores han visto todos los intentos posibles por
engañar a la Muerte. Pero el artefacto de bronce emite
una serie de chirridos y tintinea, sólo una vez. Con
delicadeza, el Resurrector se agacha y me cierra los
ojos con un aleteo de las puntas de sus dedos, un gesto
rápido y profesional. Uno de los Aletargados me
levanta, y el parsimonioso tamborileo de pasos se
reanuda, transportándome al inframundo.
No consigo ver nada, le digo a Mieli. ¿No podrías
activarme algún otro sentido?
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