Page 355 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Estoy a punto de caerme: me encuentro en un nicho


           elevado,  en  una  inmensa  cámara  cilíndrica  con


           paredes  de  metal,  cubiertas  por  un  entramado  de


           pequeñas  escotillas.  Me  hace  pensar  en  un


           archivador.  La  atraviesan  unos  cables  verticales.  A


           mis pies, un Aletargado —un racimo como un pulpo


           de  armas  y  maquinaria—  cuelga  de  ellos.  Está


           almacenando  los  cadáveres  recientes.  Cierro  la


           escotilla, dejando una rendija para mirar, y espero a


           que se marche. Pasa zumbando frente a mí, trepando


           por los cables como una araña. Vuelvo a aventurarme


           a  salir.  Con  la  piel  goteante  de  gel,  busco  algún


           asidero.



           Bueno,  dice  Perhonen.  Ya  empiezo  a  recibir  algunas


           imágenes.  Abajo  hay  unos  túneles  de  mantenimiento:


           puedes meter a Mieli por ahí.



           Reconfiguro  la  capa  de  puntos‐q  enterrada  bajo  mi


           piel  para  adherirme  al  material  de  la  pared  y


           descender por los ataúdes de los muertos dormidos.




           Hay  un  incesante  ruido  de  fondo,  una  mezcla  de


           siseos lejanos y próximos, reverberaciones y golpes.


           Aquí  es  donde  se  encuentran  los  órganos  de  la


           ciudad,  pistones,  motores  y  tuberías  por  las  que


           circulan los organismos de reparación biosintéticos, y


           los  inmensos  músculos  artificiales  que  accionan  las


           patas de la ciudad.







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