Page 354 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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No quiero despertar ninguna sospecha. Además, se
supone que tienes que representar tu papel como es
debido.
Es una sensación extraña, ser transportado a través de
los túneles hacia el interior del inframundo,
escuchando los ecos de pasos en la ciudad bajo la
ciudad y oliendo el peculiar tufo a algas de los
Aletargados. El movimiento me acuna y me produce
una extraña melancolía. No he muerto nunca, no en
todos mis siglos de vida. Quizá la Oubliette haya
dado con la clave, con el enfoque correcto de la
inmortalidad; morir de vez en cuando para apreciar
la vida.
¿Te diviertes todavía?, pregunta Perhonen.
Diablos, sí.
Empiezas a preocuparme. Hora de despertar.
Regreso de entre los muertos por segunda vez, pero
sin sueños de transición. Siento como si tuviera los
ojos cubiertos por un manto de polvo. Floto en un gel
viscoso, en un espacio confinado. Sólo necesito un
momento para regurgitar la pequeña herramienta de
piedra‐q que traía conmigo y abrir la tapa del ataúd.
No está sellada con gevulot, sencillamente con una
cerradura mecánica: resulta asombroso lo
tradicionalistas que son los Resurrectores. La puerta
se desliza a un lado, y salgo arrastrándome.
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