Page 417 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—Jean, eres un hijo de perra. Siempre lo serás. Pero
esta vez has obrado bien. No sé qué más decir.
—Podrías dejarme recordar que soy un hijo de perra
—le digo—. Todo.
Me toma de la mano. Dice:
—Sí.
Son sus recuerdos, no los míos. Pero cuando abre su
gevulot, algo hace clic. Es como si se abriera una flor
dentro de mi cabeza, alimentada por lo que me está
proporcionando, eclosionando, creciendo; partes de
mí se fusionan con partes de ella, generando algo
distinto. Un secreto compartido, a salvo de los
arcontes.
Marte, hace veinte años. Estoy cansado. Acuso el peso
de los años y las transformaciones, de haber sido
humano, gógol, miembro de un zoku y de una
reprofamilia, de haber vivido en un cuerpo, en
múltiples cuerpos, en partículas de polvo racional; de
haber robado joyas, mentes, estados cuánticos y
planetas a cerebros de diamante. Soy una sombra,
fina, desdibujada, estirada al máximo.
El cuerpo de la Oubliette que llevo puesto facilita las
cosas, un latido sincronizado con el tictac de un Reloj,
volviéndolo todo deliciosamente perecedero. Camino
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