Page 414 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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me empleé anoche con ella, sin resultado. ¿Pero tú? A
ti está a punto de agotársete el Tiempo.
Se mueve más deprisa que la vista. Su rodilla presiona
dolorosamente contra mi estómago. Sus manos se
cierran sobre mi garganta. Su rostro es una máscara
de furia. No puedo respirar. Veo la manilla de su
Reloj, avanzando hacia el cero.
—¡Te voy a…!
Su Reloj emite un delicado tintineo metálico. Se
convierte en una estatua, negra e inmóvil. Digan lo
que digan de la tecnología de la Oubliette, el sistema
de gevulot provisional que dan a los visitantes está
muy bien, casi a la altura de la niebla útil que se
emplea con fines militares. No terminas en el Letargo,
pero te aísla del resto del mundo y bloquea todas tus
funciones vitales. Su presa sobre mi garganta se afloja
y se cae de la cama, una estatua alada de mármol
negro, petrificada.
Me ducho y me visto, silbando por lo bajo. En el
vestíbulo del hotel, saludo con el sombrero al agente
de inmigración uniformado de blanco y a los dos
grandes Aletargados que lo acompañan: es
reconfortante comprobar que los funcionarios
públicos se toman en serio su trabajo.
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