Page 418 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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por la Avenida Persistente y escucho voces humanas.
Todo me vuelve a parecer nuevo.
Hay una muchacha sentada en uno de los bancos del
parque, contemplando la luz que danza entre los
globos de Montgolfiersville. Es joven, y su expresión
denota el asombro que la embarga. Parece un reflejo.
Sonrío. Y, por algún motivo, me devuelve la sonrisa.
Cuesta olvidar lo que eres, incluso con Raymonde. Su
amiga Gilbertine mira a su amante con una expresión
que me gustaría robar. Raymonde lo descubre. Me
abandona y regresa a su ciudad reposada.
La sigo hasta la ciudad de Nanedi, donde las casas
encaladas escalan las paredes del valle como una
sonrisa. Imploro perdón. Suplico. No me escucha.
De modo que le hablo de los secretos. No se lo desvelo
todo, tan sólo lo justo para que comprenda mi lastre.
Le digo que ya no los quiero.
Y me perdona.
Pero sigue sin ser suficiente. En todo momento
perdura la tentación de adoptar otra forma, de huir.
Mi amigo Isaac me habla de los palacios de la
memoria y de las nueve Cualidades de Dios.
Construyo mi propio palacio de la memoria. No se
trata de un simple trastero mental en el que acumular
imágenes memorizadas. Mis secretos pesan más que
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