Page 428 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Interludio
Virtud
GILBERTINE vuelve a soñar con el gato con botas.
Bípedo y con rayas, lleva puesto un sombrero
estrafalario y un par de botas pesadas. La conduce por
los pasillos de mármol y oro de un palacio, con hileras
de puertas a los lados. Una de ellas está abierta.
—¿Qué hay dentro? —pregunta Gilbertine al gato,
que la observa con un destello en sus extraños ojillos.
—Lo averiguarás —dice con voz trémula y atiplada—
cuando regrese el amo.
Se despierta en el apartamento de Montgolfiersville,
junto a los ronquidos y el cálido cuerpo de su último
amante, cuyo nombre ya empieza a borrarse de su
memoria. Sus contratos de gevulot, siempre
meticulosos, garantizan un mínimo de intrusión para
todas las partes y dejan tan sólo agradables recuerdos
de piel aquí y allá, candentes fogonazos de emoción
asociados a sabores y lugares.
Los sueños son más frecuentes últimamente. Y sus
propios recuerdos se notan tambaleantes, incómodos.
Se pregunta si estará haciéndose mayor, no en el
anticuado sentido del término, sino incubando quizá
el mal de los inmortales del que habla Bathilde, fruto
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