Page 467 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Confluyen sobre nuestras cabezas como los dedos de
dos manos de siniestra geometría. Después todo es
oscuridad, antes de que los pinchos y las agujas nos
despedacen al Rey y a mí.
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El detective y el anillo
LOS bloqueos de gevulot cosquillean en la piel de
Mieli. Pero se siente liviana e ingrávida de nuevo, y la
cabina de Perhonen es lo más parecido a un hogar que
le queda. La sensación de seguridad y confort casi
consigue ahogar la voz enrabietada de la pellegrini
dentro de su cabeza.
Me alegra tenerte de vuelta, dice Perhonen. Las
mariposas avatares de la nave revolotean alrededor
de la cabeza de Mieli. Era como si me faltara un pedazo
de mi ser.
—Lo mismo digo —replica Mieli, deleitándose en el
familiar hormigueo de las alas que baten contra su
piel—. Un pedazo enorme.
—¿Cuándo podremos bajar ahí? —pregunta la
pellegrini. La diosa no ha dejado de acompañar a
Mieli desde que los Aletargados de inmigración la
devolvieron a la nave y la despertaron. Su boca es una
fina línea roja—. Esto es intolerable. Habrá que
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