Page 466 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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oportunidad de salirte con la tuya: al césar lo que es


           del césar, después de todo. Pero la desaprovechaste.


           Así que ahora es mi turno.



           Con un alarido, ciego de ira, me abalanzo sobre él. La


           pistola‐q centellea. Caigo al suelo, mi cara se estrella


           contra el duro mármol. El cuerpo de la Sobornost grita


           por  un  momento,  antes  de  aplicar  una  dosis  de


           bendita anestesia para amortiguar el dolor. Ruedo e


           intento levantarme, tan sólo para comprobar que mi


           pierna derecha es un muñón calcinado, desintegrada


           de rodilla para abajo.



           Le Roi me observa y sonríe. Apunta el revólver al aire


           y empieza a disparar. Me pega una patada en la cara


           cuando intento arañarle las piernas. Me esfuerzo por


           contar las detonaciones, pero pierdo la concentración.




           El suelo se estremece. En las entrañas de la ciudad, los


           atlas  Aletargados  que  una  vez  fueron  mis  amigos


           despiertan  con  mentes  nuevas  y  propósitos


           renovados. Los palacios de la memoria forman parte


           de ellos, y con la fuerza de una catástrofe natural, se


           disponen a reunirse. Una tormenta de piedra atruena


           a  nuestro  alrededor.  Los  edificios  adyacentes  a  los


           jardines  robóticos  se  derrumban.  Los  palacios


           señorean sobre ellos como negras velas hinchadas por


           el  viento,  arrollándolo  todo  a  su  paso,  cerniéndose


           sobre nosotros.







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