Page 471 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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de  mis  gógoles.  Si  no  regreso,  resucítame  como


           consideres oportuno.



           Mieli, no lo hagas, susurra la nave. No podrás dar marcha


           atrás.



           Es  lo  único  que  me  queda,  aparte  del  honor,  responde


           Mieli. Y vale mucho menos.




           La pellegrini entorna los párpados.



           —Vaya, eso sí que es interesante. ¿Todo eso por él?



           Mieli asiente con la cabeza.



           —Está  bien  —dice  la  diosa—.  Acepto  tu  oferta.  A


           condición de que, si algo sale mal, Perhonen disparará


           el cañón de materia extraña contra la ciudad: todavía


           me portas en tu interior, y nadie debe encontrarme. —


           Sonríe—.  Ahora,  cierra  los  ojos  y  elévame  tus


           oraciones.



           Dejar  atrás  la  desorganizada  flota  de  centinelas


           Aletargados es cuestión de meros minutos. Mieli no


           se siente con ganas de andarse con sutilezas y exige el


           máximo a los motores de antimateria de la nave, un


           estilizado dardo de diamante que corta la estratosfera


           en su descenso hacia la cuenca de Hellas.



           Muéstrame los foboi.



           La cuenca está cubierta de pesadillas. Se cuentan por


           millones,  en  infinitas  variaciones,  apiñados  en  una









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