Page 468 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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castigarlo.  Castigarlo.  —Paladea  la  palabra—.  Sí,


           castigarlo.



           —Hay  un  problema  con  el  enlace  biotópico  —dice


           Mieli. Nota una curiosa sensación de ausencia. ¿Será


           posible que extrañe su enlace? La de venenos a los que se


           puede enganchar una.



           Adelante,  reconoce  que  estás  preocupada,  susurra


           Perhonen. No se lo digas a nadie, pero yo también.




           —Lo último que recuerdo es haber sufrido daños muy


           graves.  Y  no  podremos  descender  hasta  dentro  de


           treinta días, al menos sin infringir la ley.



           —¿Qué  estará  haciendo  ese  mocoso?  —masculla  la


           pellegrini.



           El control orbital de la Oubliette nos indica que pongamos


           rumbo a la Estrada, dice Perhonen. Y están expulsando a


           todos los visitantes de la estación del faséolo. Ha ocurrido


           algo en la ciudad.



           —¿No podemos ver nada? —pregunta Mieli.



           Ante  ella,  las  mariposas  avatares  de  la  nave


           despliegan un abanico de imágenes en movimiento


           que abarcan varias longitudes de onda. Muestran la


           ciudad, una oscura forma lenticular en la hondonada


           naranja  de  la  cuenca  de  Hellas,  difuminada  por  su


           nube de gevulot.



           Sucede algo grave, dice Perhonen. Se ha detenido.






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