Page 496 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—No es cuestión de esperanza —replica Mieli—, sino


           de voluntad.



           —Buena respuesta —dice Raymonde—. Y… no seas


           dura  con  él.  Quiero  decir…  un  poco,  pero  no


           demasiado. No puede evitar ser lo que es. Pero no es


           tan malo como podría serlo.



           —¿Eso va por mí? —pregunta el ladrón, saliendo de


           una  burbuja  de  transporte  zoku—.  Sabía  que


           hablaríais de mí a mis espaldas.




           —Esperaré en la nave —dice Mieli—. Salimos dentro


           de cinco minutos.



           Al  final,  no  sé  qué  decirle.  De  modo  que  nos


           quedamos  en  silencio,  sobre  la  arena  roja.  Las


           sombras de la ciudad proyectan destellos a nuestro


           alrededor, batir de alas hechas de luces y sombras.



           Transcurridos unos instantes, le beso la mano. Si hay


           lágrimas en sus ojos, las sombras las disimulan. Me


           besa  con  delicadeza,  en  los  labios.  Se  queda  allí,


           observando,  mientras  embarco.  Me  giro  para  decir


           adiós con la mano mientras se abre la piel de la nave,


           y le lanzo un beso.



           Una vez dentro de la nave, sopeso la caja en mi mano.



           —¿Vas a abrir ese chisme o no? —pregunta Mieli—.


           Me gustaría saber adonde vamos.



           Pero yo ya lo sé.






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