Page 501 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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intenta estimar la edad de este gógol: no se trata del


           Primo,  sin  duda,  pero  el  aura  de  Fundador  que  lo


           envuelve basta para conferirle verdadero poder.



           La  mujer  cierra  el  parasol  y  sonríe;  una  hilera  de


           destellos diamantinos ciñe su cuello de cisne.



           —Hola, Sasha —dice.




           El aludido le ofrece una silla.



           —Joséphine.



           La mujer se sienta sin perder la elegancia, cruza las


           piernas  y  se  apoya  con  delicadeza  en  el  parasol


           plegado.



           —Tienes  un  jardín  adorable,  Sasha.  No  me  extraña


           que ya nunca te veamos. Caray, si yo viviera en un


           lugar como éste, tampoco querría salir.



           —A  veces  es  tentador  —dice  Chen—  ignorar  las


           realidades del vasto mundo. Por desgracia, no todos


           nos podemos permitir ese lujo.



           El  Ingeniero  dedica  una  sonrisa  sucinta  al  anciano


           Fundador.



           —La  labor  que  desempeño  aquí  beneficia  a  toda  la


           Sobornost, y a la Gran Tarea Común.




           —Por               supuesto                 —replica                  Chen—.                 Estás


           extraordinariamente  cualificado  para  esa  tarea.  A


           decir verdad, ése es el motivo de que estés aquí. —Se







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