Page 106 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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Karst maldijo con ganas y mandó instrucciones a
la última máquina, enviándola en una espiral
hacia el planeta, intentando mantener la curva
del horizonte entre el dron y el satélite.
—¿Suponen esas armas un peligro para la
Gilgamesh? —preguntó Guyen, y la habitación
enmudeció.
—Probablemente sí. —Vitas sonaba
curiosamente calmada—. Sin embargo, dada la
cantidad de energía que acabamos de ver, su
habilidad para usarlas puede ser limitada.
—No necesitará acertarnos dos veces —dijo
seriamente Lain—. No seremos capaces de
desviarnos de este rumbo, no por mucho. Ya
estamos decelerando todo lo que podemos:
tenemos demasiada inercia. Nuestro plan era
ponernos en órbita.
—Nos está diciendo que nos vayamos o nos
destruirá —dijo Holsten sin inflexión. Según se
iban adaptando los ordenadores de la Gilgamesh,
le daban cada vez más rápidamente una versión
inteligible de la señal, y se encontró leyendo la
reproducción del texto arcaico casi con fluidez.
Incluso antes de que se lo ordenase Guyen, ya
estaba escribiendo su respuesta: Viajeros en
apuros. No inicien acciones hostiles. Nave de
transporte civil requiere asistencia. Lain estaba
mirando con aire crítico por encima de su
hombro cuando la envió.
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