Page 121 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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—¿Por  si  falla  el  primero?  —sugirió  Holsten,


              porque había decidido no compartir sus peores


              sospechas.



              —Inténtalo  —dijo  Guyen—.  Karst,  piensa  en

              alguna  solución  si  sale  mal.  Nuestro  rumbo


              actual  nos  acercará  al  planeta  a  la  velocidad


              correcta  para  entrar  en  órbita.  La  única

              alternativa es dejar de decelerar ahora y pasar de


              largo, y luego… ¿y luego qué? —La pregunta era


              claramente retórica, simplemente una forma que


              tenía  el  agobiado  comandante  de  mostrar  el

              funcionamiento  de  sus  cálculos—.  ¿Luego


              ponemos rumbo al siguiente punto en los mapas


              estelares, con la esperanza de que en él haya algo

              diferente a esto? No, ya hemos encontrado este


              planeta.  Este  va  a  ser  nuestro  hogar.  Mason,


              díselo.



              Por supuesto, Eliza, permítenos por favor hablar con

              tu  hermana.  Holsten  intentó  igualar  el  discurso


              formal y educado del sistema experto.



              No estaba seguro de qué respuesta recibirían, y


              estaba dispuesto a apagar las comunicaciones si

              era  solo  aquel  balbuceo  loco  y  angustiado,


              porque con aquello no se podía dialogar: no era


              posible negociar con aquella tormenta interna de

              locura.



              —Dice que esperemos —informó, cuando llegó la


              instrucción.  Después  de  aquello  no  hubo  nada


              que  hacer  durante  largo  rato;  la  Gilgamesh




                                                                                                       120
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