Page 122 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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continuó cayendo inexorablemente hacia el pozo
de gravedad del planeta verde. El satélite
continuaba en silencio cuando Lain y su equipo
comenzaron su ansiosa observación de los
sistemas de a bordo, mientras la vieja nave arca
comenzaba a crujir y tensarse ante la antinatural
imposición de una fuente externa de masa, muy
grande y tan cerca como para atraer a la
estructura de la nave. Todos sintieron un sutil
desplazamiento: durante toda la parte en vigilia
del viaje, su percepción de la gravedad había
venido de la deceleración gradual de la nave.
Ahora una fuerza ajena los estaba atrayendo,
tirando sutilmente con dedos fantasmales, el
primer toque del mundo a sus pies.
—Todos los signos sugieren órbita estable por
ahora —informó tensamente Lain. A
continuación siguió una comedia a cámara lenta
cuando cesó la deceleración y comenzó la
rotación, y la gravedad se desplazó por el suelo
para alojarse en las paredes. Las consolas y los
dispositivos de la Gilgamesh se adaptaron entre
temblores. Por un momento desaparecieron los
puntos de referencia: era solo una sala llena de
gente ingrávida que intentaba recordar su lejano
entrenamiento, tirando unos de otros para llegar
a la superficie correcta antes de que chocasen
contra ella. Entre la conmoción, incomodidad y
los pequeños accidentes, estuvieron a punto de
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