Page 174 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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que  llama  Siete  Árboles.  Portia  está  aquí  como


              observadora, y para prestar la ayuda que pueda.


              A su alrededor, la comunidad es una colmena de

              furiosa  actividad  cuyas  habitantes  corretean,


              saltan  y  trepan  dedicadas  a  sus  frenéticos


              asuntos, y ella las vigila con su puñado de ojos


              que  captan  el  caos  que  la  rodea,  y  compara  la

              vista con un hormiguero perturbado. Es capaz de


              reflexionar amargamente que las circunstancias


              han  reducido  a  su  pueblo  hasta  el  nivel  de  su

              enemigo.



              Siente miedo, una ansiedad creciente que la hace


              pisar con  fuerza  y agitar  los palpos.  Su  pueblo


              está  más  preparado  para  el  ataque  que  para  la

              defensa, pero en este conflicto han sido incapaces


              de  conservar  la  iniciativa.  Tendrá  que


              improvisar. No hay plan para lo que va a suceder.



              Puede que muera, y sus ojos miran ese abismo

              que le produce terror ante la extinción, el no ser,


              quizá el legado que comparte toda vida.



              Las mensajeras y vigías situadas en las copas de


              los  árboles,  allá  arriba  hasta  donde  alcanza  el

              andamiaje  de  seda  de  Siete  Árboles,  envían


              señales regularmente. Las señales son una cuenta


              atrás: cuánto tiempo queda antes de la llegada del

              enemigo.  Los  hilos  de  mensajes  que  están


              tendidos  entre  los  troncos  y  la  multitud  de


              alojamientos de tela vibran con palabras, como si









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