Page 176 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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vuelve a escribirse cada vez que alguien de su
pueblo se arrodilla para reflexionar, y que luego
es consumido cuando se levanta. Portia nació con
este Conocimiento, pero además lo ha aprendido,
yendo al templo desde su niñez tal como ha
acudido ahora. El Conocimiento innato y
preservado por el virus de estas
transformaciones matemáticas no la inspiraba de
la misma forma que cuando sus maestros la
guiaban a través de las secuencias, acercándose
lentamente a la revelación de que lo que estas
cadenas de cifras aparentemente arbitrarias
describían era algo más allá de la mera invención:
era una verdad universal evidente en sí misma e
internamente consistente.
Por supuesto, en el Gran Nido, su hogar, tienen
un cristal que proclama estas verdades de su
propia forma inefable, y la mayoría de los
grandes nidos los tienen también, de forma que
las peregrinas de las pequeñas comunidades a
menudo hacen largos viajes para verlos. Portia ha
visto cómo la sacerdotisa votiva toca el cristal con
su vara de metal, y capta el pulso del mensaje de
los cielos, representando con su baile esa
aritmética celeste para beneficio de su
congregación. En esos momentos, como sabe
Portia, la Mensajera estará en el cielo sobre su
cabeza, en su constante camino, visible si es de
noche o escondida por la luminosidad del cielo
diurno.
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