Page 175 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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la comunidad clamase contra su inevitable
destrucción.
Ni la muerte de Portia ni la destrucción de Siete
Árboles es inevitable. La comunidad tiene sus
propias defensoras, pues, en esta época, todas las
aglomeraciones arácnidas tienen luchadoras
profesionales que pasan el tiempo entrenándose
para el combate, y Portia ha llegado con una
docena del Gran Nido, para apoyar a sus
parientes. Llevan armaduras de madera y seda, y
portan hondas. Son las pequeñas caballeras de su
mundo, enfrentadas a un enemigo que las supera
en cien a uno.
Portia sabe que tiene que calmarse, pero su
nerviosismo es demasiado grande. Necesita
algún apoyo externo.
Lo encuentra en el punto más alto del árbol en el
centro del nido. En él hay una extensa tienda
tejida cuyas paredes muestran complejos
patrones geométricos hechos de hilos tendidos
según un plan meticuloso. Otro puñado de su
especie está ya allí, buscando la seguridad de lo
numinoso, la certeza de que hay algo más en el
mundo que lo que perciben sus sentidos, que hay
un Conocimiento mayor. Que, incluso cuando
todo está perdido, no tiene que estar perdido.
Portia se acurruca con ellas y comienza a tejer,
formando nudos de hilo que componen un
lenguaje de números, un texto sagrado que
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