Page 170 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
P. 170

vanos centenares de colonos, al menos, y quizá


              mantuvieran a mas en suspensión. ¿Quería eso


              decir  que  había  quinientos  amotinados  sueltos

              por  la  Gilgamesh?  ¿Y  de  cuántos  hombres


              disponía Karst? ¿Acaso estaba despertando a las


              tripulaciones  secundarias  para  usarlas  como


              carne de cañón, poniendo pistolas en sus manos

              aún frías?



              —¿Qué ha sucedido? —exigió, y la pregunta iba


              más  dirigida  al  universo  que  a  nadie  en


              particular.


              —Me alegra que hagas esa pregunta. —Scoles se


              abrió  paso  en  la  habitación,  prácticamente


              apartando al pistolero de un codazo—. ¿Qué es lo


              que  estabas  diciendo  cuando  te  sacamos  de  la

              cama? «No quiero ir», ¿verdad? Bueno, únete al


              club. Ninguno de nosotros nos apuntamos a este


              viaje  para  acabar  helados  en  una  luna  sin

              atmósfera convertida en una trampa mortal.



              Holsten  se  lo  quedó  mirando  un  momento,


              notando las largas manos del hombre delgado y


              cómo las apretaba, viendo que la piel en torno a

              sus ojos y boca temblaba contra su voluntad, y


              supuso que eran los síntomas de algún tipo de


              droga  que  había  mantenido  a  aquel  hombre

              despierto y en marcha desde quién sabía cuándo.


              Scoles  no  llevaba  pistola,  pero  era  un  hombre


              peligroso  y  volátil  que  había  sido  llevado  más

              allá de sus límites.






                                                                                                       169
   165   166   167   168   169   170   171   172   173   174   175