Page 181 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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insectos que luchan entre sí, desmembrándose
automáticamente unos a otros. A ojos humanos,
las hormigas de ambas colonias serían
indiferenciables, pero Portia puede apreciar las
variaciones de su coloración y sus patrones, que
se extienden al ultravioleta. Está lista para usar su
honda.
Las defensoras arácnidas comienzan sus disparos
con munición gólida, simples piedras tomadas
del suelo y elegidas por su talla y consistencia
apropiadas. Apuntan a las exploradoras que se
escapan de la melé de hormigas, alcanzándolas
con letal puntería, cada disparo meticulosamente
planeado y calculado. Las hormigas son
incapaces de esquivar o reaccionar, incapaces
siquiera de percibir a las defensoras en sus
atalayas. Las bajas entre los insectos son brutales,
o lo serían si esta hueste no fuera meramente la
vanguardia sacrificable de una fuerza mucho
mayor.
A pesar del bombardeo, algunas de las
exploradoras alcanzan el pie de Siete Árboles.
Pero, tras un metro aproximadamente de tronco
desnudo, cada árbol está provisto de unos
faldones de tela que se extienden hacia arriba y
hacia fuera, una superficie a la que las hormigas
no pueden aferrarse. Suben y caen, suben y caen,
en principio con persistencia bruta. Luego se
forma una concentración suficiente de mensaje
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