Page 183 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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Las nuevas hormigas son más grandes, aunque
siguen siendo más pequeñas que Portia. Las hay
de muchas castas, cada una con su propia
especialidad. A la cabeza de la columna, y
siguiendo cada vez más deprisa el rastro de olor
de las exploradoras en dirección a Siete Árboles,
vienen las tropas de asalto. Sus formidables
mandíbulas ostentan cuchillas de metal
puntiagudas y con bordes de sierra, y tienen
yelmos que se extienden hacia atrás para
proteger el tórax. Su propósito es monopolizar la
atención de las defensoras y vender sus vidas tan
caras como puedan para permitir que se
acerquen las castas más peligrosas.
Más enemigas penetran en los túneles de los
hormigueros locales, arrojando señales químicas
que siembran la confusión entre los insectos
defensores, o incluso los reclutan para la causa de
los atacantes. Esta es una de las formas en que
crece la megacolonia, cooptando en lugar de
destruir otros hormigueros. Las especies distintas
como la de Portia, sin embargo, no son útiles y no
reciben piedad.
En Siete Árboles, los machos que quedan están
trabajando duro. Algunos han huido, pero la
mayoría de los evacuados son hembras. Los
machos son reemplazables, siempre estorbando,
siempre demasiado numerosos. A muchos se les
ha ordenado resistir en la ciudad hasta el final,
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