Page 278 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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Pueden  sentir  el  aire  agitándose  con  furia,  el


              suelo vibrar como respuesta, y se encogen en el


              interior de su pesada armadura, aterrorizadas y

              desconcertadas.  Una  bola  de  fuego  atraviesa  el


              cielo, dejando a su paso el sonido de un trueno.


              Ninguna tiene ni la menor idea de qué puede ser.



              Cuando choca contra el suelo, todavía dentro del

              alcance  de  las  centinelas  de  la  colonia  de


              hormigas,  ha  perdido  buena  parte  de  su


              velocidad, pero el impacto aún resuena a través


              de sus sensibles patas como si el mundo entero

              hubiese exclamado una vasta palabra secreta.



              Por un momento se quedan quietas, petrificadas


              por  un  terror  animal.  Pero  luego  una  de  ellas


              pregunta qué era eso, y Portia mira en su interior

              y encuentra esa parte de sí misma que siempre ha


              estado  abierta  a  lo  incomprensible:  la  idea


              maravillosa y temible de que hay más cosas en el

              mundo de lo que sus ojos pueden ver, de lo que


              sus patas pueden sentir.



              La Mensajera ha descendido hasta nosotras, les dice.


              En ese momento, gracias a una mezcla de miedo

              y esperanza, se ha convencido a sí misma de ello,


              puesto  que  lo  que  acaba  de  suceder  queda  tan


              lejos  de  su  experiencia  que  solo  ese  misterio

              esencial puede ser responsable.



              Algunas quedan asombradas, otras se muestran


              escépticas. ¿Qué significa eso?, pregunta una de


              ellas.




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