Page 282 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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instante un par de mandíbulas se cierran sobre
una de sus articulaciones, cortándole ese
miembro a la altura de la rodilla. La breve
aparición del fluido excita a las demás hormigas
cercanas, y en un momento se crea una bola
hirviente de insectos furiosos y protectores.
Aunque ignoran las partes de la araña que siguen
cubiertas por la armadura, las hormigas siguen el
rastro de la sangre, abriéndose paso por la herida
hasta las tripas de la intrusa, que se defiende
pataleando, y la cortan en pedazos desde dentro,
mientras la armadura se desprende trozo a trozo,
invisible e imposible de percibir.
Portia sigue avanzando sombríamente,
encuentra una de las aberturas por las que respira
la fortaleza y se adentra en ella, aferrándose a una
alfombra de cuerpos semiinconscientes. En sus
palpos lleva el paquete que se desintegra
lentamente, bien agarrado para evitar que se
enganche en las formas angulosas que forman
todas las superficies sólidas a su alrededor.
Excava en la masa de la colonia, siguiendo sus
respiraderos y sus pasarelas, empujando a las
atareadas obreras pero sin atraer su atención. La
armadura cumple su cometido.
Y sin embargo, sabe que no todo va bien: es
invisible, pero causa ondas. Cuando bloquea un
respiradero, la colonia lo nota. Cuando debe
separar los cuerpos de las hormigas para abrirse
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