Page 279 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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¡Significa que debéis emprender vuestra tarea!,
patalea con fuerza Bianca tras ellas. ¡No tenéis
mucho tiempo! ¡Vamos, vamos! Y si la Mensajera está
aquí con vosotras, eso significa que os es favorable,
¡pero solo si tenéis éxito! ¡Si es la Mensajera,
mostradle la fuerza y el ingenio del Gran Nido!
Portia agita los palpos en feroz asentimiento, y
todas las demás la imitan. Al mirar la estela de
humo que aún eclipsa las estrellas, Portia sabe
que es una señal del cielo, el cielo de la Mensajera.
Todas las horas que ha pasado en reverente
contemplación de los misterios matemáticos del
templo, al borde de la revelación, parecen haberla
conducido hasta esto.
¡Adelante!, gesticula Portia, y junto con sus
camaradas se dirige hacia el enemigo, sabiendo
que Bianca y su equipo las seguirán. La armadura
de caparazón de escarabajo es pesada, estorba
para ver, dificulta el correr e imposibilita el saltar.
Son como submarinistas pioneras que
descienden a un entorno hostil del que solo las
protegen sus escafandras.
Se apresuran por el suelo del bosque tan rápido
como pueden, mientras la armadura restringe sus
articulaciones, maniatándolas y dejándolas casi
inermes. Sin embargo, están decididas, y cuando
se acercan a las hormigas centinelas que registran
la zona, pasan de largo con sus armaduras negras
como si no fueran más que el viento.
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