Page 295 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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escotilla.  Cuando  la  imagen  se  estabilizó,  la


              escena que reveló parecía una visión del infierno:


              ennegrecida, humeante, en parte aún ardiendo,

              con  las  lámparas  de  emergencia  exteriores


              pintando el aire lleno de humo como una niebla


              amarillenta e insalubre.



              —Es un erial —comentó alguien, y entonces Bales

              dejó de mirar: hacia abajo, al surco ennegrecido


              que la cabina de la lanzadera había trazado en la


              tierra,  y  volvió  la  cámara,  y  la  vista,  hacia  el


              bosque.


              Verde, fue el primer pensamiento incontenible de


              Holsten.  En  realidad  era  sobre  todo  una


              oscuridad sombría, pero recordaba el aspecto del


              planeta desde la órbita, y lo reconocía: esta era la

              gran banda verdosa que cubría la mayoría de las


              regiones  tropicales  y  templadas.  Examinó  sus


              recuerdos  de  la  Tierra;  la  lejana  Tierra

              envenenada.  Para  su  generación,  no  había


              quedado  nada  semejante,  ninguna  masa  de


              árboles que se alzase en un espacio abovedado,


              repleto  de  pilares  que  rodeaban  el  agujero  de

              madera  rota  que  la  lanzadera  había  abierto  en


              ella. Era pura vida, y solo en ese momento se dio


              cuenta  Holsten  de  que  nunca  había  visto

              realmente la vida terrestre en su estado original.


              El  hogar  que  recordaba  era  tan  solo  un  tocón


              moribundo  y  marchito,  pero  esto…  Suave,  casi










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