Page 297 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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—… no veo ningún rastro de peligro biológico…


              —decía Bales.



              —Venga,  dale  un  poco  de  tiempo  —respondió


              Tevik,  pero  su  queja  fue  ignorada—. Ahí  fuera

              hay todo tipo de cosas. Las luces no se han puesto


              aún amarillas, pero…



              Bales gritó.



              Lo oyeron: metálico y distante, como si hubiese

              una  persona  diminuta  encerrada  entre  la


              maquinaria de la cabina. La vista de la cámara


              osciló  repentinamente,  y  entonces  pareció  que


              Bales se peleaba con su propio traje.


              —¡Joder, mirad eso! —escupió Lain. Holsten solo


              captó  una  visión  borrosa  de  algo  con  púas  y


              muchas  patas  pegado  a  la  bota  de  Bales.  Los


              gritos           continuaron,                  y        ahora            escucharon

              claramente algunas palabras:



              —¡Dejadme entrar! ¡Por favor!



              —¡Abrid la esclusa! —gritó Scoles.



              —¡Esperad,  no!  —dijo  Tevik—.  Mirad,  no

              podemos expulsar el aire. No funciona nada. El


              aire  ahí  afuera  es  de  este  planeta.  Si  contiene


              alguna  mierda,  la  aspiraremos  en  cuanto

              abramos la puerta interna.



              —¡Abre esa puta cosa!



              Y ahora Nessel se apoyó en la palanca, abriendo


              manualmente  la  puerta.  Holsten  tuvo  un






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