Page 299 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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La cabeza de Bales cayó a un lado, con los ojos y
la boca muy abiertos y llenos de sangre. Algo se
movió en su garganta. Holsten tuvo un atisbo
justo cuando los demás retrocedieron
súbitamente: una cabeza que emergía de la ruina
de la garganta de Bales, con cuchillas gemelas
que apuntaban hacia ellos bajo un par de antenas
retorcidas que arrojaban pedacitos de Bales a un
lado y otro mientras se movían
espasmódicamente.
Entonces Scoles gritó y pataleó locamente,
arrojando algo a lo lejos, y Holsten vio que el
suelo a su alrededor estaba cubierto de hormigas,
docenas de hormigas, cada una del tamaño de su
mano. Los monos podían ser tan solo un
recuerdo del Viejo Imperio, pero las arañas y las
hormigas habían seguido a la humanidad hasta
los confines de la Tierra, y ahora estaban
esperándola en este mundo distante. A la luz
cambiante y tenue de los incendios los insectos
habían pasado desapercibidos, pero ahora los vio
por todas partes. Algunos de ellos estaban
cortando el traje de Bales desde dentro, y cada
cabeza que sobresalía venía acompañada por un
chorro de sangre espesa proveniente de las
heridas que aquellas cosas habían excavado en
ella.
Scoles comenzó a disparar.
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