Page 300 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
P. 300
Se mostraba tranquilo, ridículamente tranquilo,
mientras alzaba la pistola para apuntar a cada
objetivo cuidadosamente, pero aun así solo
acertaba a uno de cada dos, incapaz de seguir los
rápidos movimientos al azar de los insectos. Era
una esperanza vana. Por donde quiera que
Holsten miraba al suelo veía hormigas, no
formando una vasta alfombra, pero aun así por
docenas, y estaban rodeando a los visitantes.
—¡Adentro! —gritó Tevik—. ¡Vamos dentro, ya,
todos! —Y cayó con un aullido, revolcándose,
aporreando su muslo, donde un insecto colgaba,
con las mandíbulas de sierra perforándolo,
mientras la cola se doblaba sobre sí misma para
picar una y otra vez. Nessel y Lain apartaron a
Holsten al pasar, casi tirándolo de la escotilla en
su prisa por volver a entrar. Scoles iba justo
detrás, empujando a Tevik hacia delante y luego
manoteando para meter otro cargador en su
pistola. El amotinado que quedaba estaba
intentando arrastrar a Bales consigo.
—¡Déjala! —le gritó Scoles, pero el hombre no
pareció oírle. Las hormigas ya estaban reptando
sobre él, y sin embargo seguía tirando del peso
muerto y destrozado que era Bales, tan
ciegamente contumaz como los propios insectos.
Lain había arrancado a la hormiga de Tevik, pero
la cabeza del insecto se separó del cuerpo,
todavía aferrando su presa, y la pierna del
299

