Page 424 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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cazadores‐recolectores, construidas con piezas
arrancadas de una nave espacial.
Todo había sucedido con tanta rapidez y
seguridad que solo justo al final se dio cuenta de
que había sido secuestrado: una facción se lo
había arrebatado a otra. De pronto, todo se volvió
peor de lo que había pensando. La Gilgamesh no
solo estaba plagada por los descendientes
enloquecidos del cargamento, sino que ya habían
empezado a luchar entre sí. Era la maldición del
Viejo Imperio, esa división de hombre contra
hombre que suponía un freno continuo para el
progreso humano.
Fue llevado a través de centinelas y guardias, o
eso pensó que eran: hombres y mujeres, algunos
con uniformes, otros con túnicas improvisadas,
otros con armaduras caseras parciales, como si en
cualquier momento fuese a llegar alguien para
dar el premio del concurso de disfraces menos
impresionante del mundo. Debería haber sido
ridículo. Debería haber sido patético. Pero,
mirándolos a los ojos, Holsten sintió un escalofrío
ante su acerada decisión.
Lo condujeron a una de las salas taller de la nave,
que contenía una docena de terminales, la mitad
de ellas muertas, el resto parpadeando
irregularmente. Ante ellas había gente trabajando
(auténtico trabajo técnico, como correspondía a
gente auténticamente civilizada), y a Holsten le
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