Page 43 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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A dos mil años de casa
Holsten Mason se despertó de golpe a una
pesadilla de claustrofobia, y la aplacó tan pronto
como le asaltó. La experiencia le permitía
reconocer dónde estaba y por qué no había razón
para sentirse alarmado, pero los viejos instintos
de mono aún tuvieron su momento de gloria,
chillando ¡Atrapado! ¡Atrapado! en los recintos de
su mente.
Malditos monos. Estaba helado y embutido en un
espacio en el que su cuerpo apenas cabía, con lo
que parecían mil agujas retirándose de su piel
gris y entumecida, y tubos que se arrancaban de
regiones más íntimas, nada de todo eso realizado
con mucho cariño.
Lo de siempre en la cámara de suspensión. Le
habría gustado pensar que odiaba con todas sus
fuerzas las cámaras de suspensión, pero aquello
ya no era exactamente una elección para ningún
miembro de la especie humana.
Durante un momento pensó que todo había
terminado; que lo estaban despertando pero no
liberando, y que quedaría atrapado bajo el frígido
cristal, sin que nadie lo oyese ni supiera de su
existencia en una vasta nave repleta de cadáveres
congelados que se dirigía para siempre hacia la
nada del espacio profundo.
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