Page 602 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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comunidad de imbéciles que evitan que todo se
haga pedazos. Y ella es uno de esos fragmentos.
Ocupa un espacio virtual tan poblado y estrecho
como una colonia de grajos. Ella, Eliza, y la
multitud de sistemas.
El paso de la Gilgamesh (con todos aquellos gritos
y poco dignas súplicas, e incluyendo el colosal
gasto de energía que requirió el derribar a su
lanzadera intrusa) parece ahora un sueño, como
si los pretendidos humanos hubieran llegado de
una realidad paralela que no tenía nada que ver
con ella. Lo único que había aprendido de ellos
era que hasta su llegada no había sabido lo que
era la desesperación. Un planeta silencioso era
preferible a un planeta rebosante de vida
humana, pues la vida humana excluiría
completamente el éxito de su misión. Prefería
seguir dando vueltas al globo hasta que la
Cápsula Centinela se viniese abajo, si eso suponía
que podía seguir albergando la esperanza de que
sus súbditos simiescos acabasen llamando a su
creadora. La ausencia de éxito no quería decir
que su experimento hubiese fallado.
En ningún momento examinó sus prioridades o
motivos para preguntarse porque está tan
rígidamente dedicada a proseguir la misión con
exclusión de todo lo demás. Mientras hablaba con
los supuestos humanos de la nave arca, era casi
como si fuera dos personas: una que recordaba
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