Page 632 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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6.6
Y toqué el rostro de Dios
Portia quiere salir con el resto de la tripulación,
pero Viola lo ha prohibido. La está reservando
para su propio ideal privado. Hasta entonces,
Portia debe ser tan mimada y consentida como
un rey al que espera el sacrificio.
A esa altura, la colonia del Nido del Cielo
necesita ayuda física para conservar la forma de
la bolsa del dirigible, y para mantener la nave en
funcionamiento. Aunque trabajan desde el
interior, el frío comienza a afectar a las hormigas.
Diminutas e incapaces de regular su
temperatura, no pueden realizar muchas tareas
más allá del centro de la nave, por lo que las
arañas se visten con sus trajes especiales y salen a
recorrer el exterior de su hogar flotante, entrando
y saliendo por aberturas presurizadas que ellas
mismas tejen y destejen, esclusas temporales que
aparecen y desaparecen según se necesiten.
Tropiezan y trastabillan en el camino de vuelta,
en parejas y tríos, una vez terminadas sus tareas
por el momento. Algunas regresan atadas a las
espaldas de sus camaradas, vencidas por el frío a
pesar de las capas de seda que envuelven sus
cuerpos y los calentadores químicos que cuelgan
bajo sus vientres. Portia se siente incomoda por
no poder ayudar, aunque entiende que la están
reservando para otra ordalía.
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