Page 66 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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duraría mucho más de lo requerido. Sin embargo,
en su equipaje Bianca lleva un cuarteto de áfidos.
Suelta a las criaturas para que chupen savia,
impidiendo que el macho se acerque por si se le
olvida que no debe comérselas… al menos,
todavía no. Al caer la noche, después de que
Portia haya tejido una tienda improvisada entre
las ramas, incluyendo hilos de aviso en todas
direcciones, los pulgones excretan melaza
pegajosa, que las arañas pueden beber como si
fueran las tripas líquidas de sus presas. Después
las criaturas domesticadas vuelven mansamente
a la tela de Bianca, pensando solo que están a
salvo con ella, sin darse cuenta de que, si llega el
caso, se convertirán en alimento ellas mismas.
Portia sigue hambrienta: la melaza permite
meramente sobrevivir, alimentando sin aportar
la satisfacción de cazar a una presa. Le resulta
difícil quedarse quieta, sabiendo que los
pulgones (y el macho) están a su alcance, pero
puede anticiparse y ver que su plan a largo plazo
se verá perjudicado si se los come ahora. Su linaje
siempre se ha especializado en mirar hacia el
futuro.
Y en mirar más allá, también. Ahora, sentada a la
entrada de la tienda improvisada que constituye
su campamento, con Bianca y macho acurrucadas
a su lado para darse calor, mira a través de las
copas de los árboles y contempla las luces que
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