Page 250 - Ciencia Ficción - Selección 01
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determinación que albergaba en su pecho, y avanzó
más.
Tenía un trabajo que hacer, y, ¡por Dios!, que lo
haría.
Cuando pasó bajo el rótulo, las letras reflejaron su
rojizo color sobre sus brillantes rasgos y sobre la hú‐
meda superficie del pavimento, haciendo
relampaguear en rojo los charcos de agua. Spane
miró su crispada mano y vio en el sudor que la
cubría un borroso reflejo de sangre aguada, cuando
sonó un grito:
—¡Eh, viejo!
Las luces de los coches que pasaban de largo en el
extremo del callejón iluminaban la calle de vez en
cuando, formando profundas sombras que
avanzaban hacia él a lo largo de las filas de bidones
de desperdicios que ocupaban la parte trasera de las
casas.
Súbitamente, se movió una sombra.
Spane sintió una sacudida en el hombro cuando se
movió para llevarse su otra mano a la frente, pero
ya no estaba allí. «¡Maldita sea!», murmuró
silenciosamente en algún punto situado entre la
ácida respiración y las turbulentas aguas de su
inconsciente. Pero su cuerpo nunca olvidaría, y él lo
sabía. Moriría tratando de alcanzar algo que no
estaba allí, alcanzar algo con un brazo que ya no
existía.
Excepto en los negros espacios de su memoria.
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