Page 1036 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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apartaron inmediatamente, dispersándose a un
lado y a otro de la orilla.
Un ejército de hoplitas —guerreros
profesionales en traje de batalla— marchaba
hacia el río, en filas de a veinte, ocupando todo
el ancho de Nanjing Road. Aquéllos no eran
Puños; eran las tropas regulares, la vanguardia
del Reino Celeste, y Cari Hollywood se
horrorizó al ver que lo único que había entre
ellos y su marcha a tres niveles hacia la orilla del
Huangpu era Cari Hollywood, su 44 y un
puñado de civiles ligeramente armados.
Un yate de muy buen aspecto se había
acercado a unos metros de la orilla. El israelí que
quedaba, que hablaba bien el mandarín, ya ha‐
bía comenzado a negociar con el capitán.
Uno de los bóers, una abuela huesuda con un
moño blanco sobre la cabeza y encima un gorro
negro primorosamente sujeto con alfileres, habló
brevemente con el líder bóer. El asintió una vez,
luego le tomó la cara entre las manos y la besó.
Ella se puso de espaldas a la orilla y comenzó
a caminar hacia la cabeza de la columna de
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