Page 653 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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monitores. En una ocasión, Nell estaba sentada


              en Alegría, diligentemente absorbiendo la clase


              sobre  el  programa  de  préstamo  en  arriendo,


              cuando oyó que la rugiente puerta de la oficina


              de la señorita Stricken se abría tras ella. Como


              todas las demás chicas, Nell suprimió el instinto


              asustado  de  mirar  a  su  alrededor.  Oyó  los  ta‐


              cones de la señorita Stricken recorrer el pasillo,


              oyó el silbido de la regla y entonces sintió que


              sus nudillos estallaban.





                 —Arreglarse el pelo es una actividad privada,


              no  pública,  Nell  —dijo  la  señorita  Stricken—.


              Las otras chicas lo saben; ahora tú también.





                 A Nell le ardía la cara y rodeó la mano afectada


              con la otra mano a modo de venda. No entendió


              nada hasta que vio a una de las chicas girando su


              dedo  índice  en  la  cabeza:  aparentemente  Nell


              había estado jugando con su pelo, lo que hacía a


              menudo  cuando  leía  el  Manual  o  pensaba


              mucho sobre un tema.





                 La regla era una forma de disciplina tan tonta,


              comparada  con  una  paliza  de  verdad,  que  al


              principio no podía tomarla en serio y en realidad


              le había parecido graciosa las primeras veces. Sin


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